lunes, 25 de agosto de 2014

Motivos para defender las primarias abiertas

Echando un vistazo esta mañana a la edición digital de EL PAÍS, he encontrado un artículo de hace poco más de un año, exáctamente del 18 de julio de 2013 que lleva como título "El blues del establishment". Su autor, el doctor de economía política en la en la London School of Economics, Antonio Roldán Monés.

Estoy muy de acuerdo con su análisis y la necesidad de incorporar las primarias abiertas en los partidos para recuperar la confianza de los ciudadanos en la política y para que ésta resulte atractiva a los mejores profesionales, por lo que me ha perecido oportuno compartirlo con vosotros a través de este blog: http://elpais.com/elpais/2013/07/11/opinion/1373569448_854545.html
  
"El blues del establishment"

Cualquiera que, desde España, haya observado el reciente proceso de primarias chileno habrá sentido envidia de nuestros primos andinos: unas elecciones primarias abiertas a la sociedad, muchos candidatos —hasta cuatro en la coalición de izquierdas—, con claras diferencias ideológicas y de programa y unos líderes con una formación mucho más alta, de media, que la de nuestros políticos ¿Lograremos los españoles algún día tener la misma suerte que los chilenos?

Hasta ahora, en España las primarias han sido siempre de tipo mixto, es decir, muy controladas por los aparatos y con participación limitada a militantes y simpatizantes, pero la profunda crisis de gobernanza que atraviesa España exige unas primarias realmente abiertas en los grandes partidos que permitan la entrada de candidatos autónomos y la participación de todos los ciudadanos.

Ese tipo de primarias, a la americana, serían positivas por cuatro razones:

1ª) Como estrategia de reflote in extremis de los dos grandes partidos. 

2ª) Como mecanismo imprescindible de recambio de las élites, en un contexto de urgentísima regeneración democrática. 

3ª) Como arma para la lucha contra el cáncer de la corrupción en España. 

4ª) Como reclamo necesario para que los mejores, the best and the brightest, vuelvan a sentirse atraídos por la política.

En las elecciones de 2008, aupados por el boom que ellos mismos habían generado, los dos grandes partidos, PP y PSOE, lograron de manera conjunta un récord de porcentaje de voto: el 84% del total. Las últimas encuestas no les dan más del 50%. Una parte de ese castigo está explicado por la crisis económica. Pero no todo. La ola democratizadora global y las exigencias de mayor transparencia son un elemento intrínseco e inevitable de la era de la información. Cuanto antes entiendan los grandes partidos en España esa realidad, antes recuperarán la confianza de los ciudadanos.

Es cierto que las primarias conllevan algunos riesgos importantes para el establishment, precisamente por su carácter genuinamente democratizador y aperturista. Existe el riesgo de que emerja un líder poderoso externo con capacidad para remodelar el aparato a su conveniencia. También aumentan los riesgos de división interna y las lealtades con la oligarquía política dominante se vuelven menos importantes.

Como explica el profesor Carles Boix, el resultado es que los partidos se convierten en partidos cesta, más plurales, más dinámicos y más sensibles a las demandas democráticas de los ciudadanos que los tradicionales partidos organización. Por eso a los dirigentes de los grandes partidos les cuesta tanto dar el paso. Algo comprensible. ¡Está en juego su trabajo!

El PSOE, que perdió cuatro millones de votos en las últimas elecciones y sigue muy débil en las encuestas, se ha comprometido a celebrar unas primarias abiertas en las próximas elecciones generales. Aunque podría haber aprovechado la oportunidad en Andalucía para mandar un mensaje claro a los ciudadanos de su compromiso con la renovación, es una buena noticia. Los riesgos del inmovilismo son mucho más grandes que los de la apertura.

Las primarias favorecen la renovación de nuestra élite política. La fórmula que ha existido en España desde la Transición —un sistema proporcional corregido con listas cerradas y sin primarias— tuvo su justificación histórica. Favoreció el establecimiento de unos partidos fuertes, con una sólida base social. La debilidad del proceso democratizador y la experiencia de la Segunda República justificaban ese sistema.

Pero, como defienden los 100 firmantes del Manifiesto para una reforma integral de la Ley de Partidos ese arreglo ha dejado de servir a los intereses del país porque ha generado una clase política de baja calidad, demasiado opaca y endogámica.

Las primarias permiten el acceso a líderes independientes, no adscritos a ningún partido. En Chile, por ejemplo, el profesor de Harvard y exministro de Finanzas Andrés Velasco, se presentó a las elecciones de manera independiente (sin financiación de ningún partido) y aunque perdió contra la popular Bachelet para liderar la Concertación, defendió una candidatura innovadora, de corte liberal y reformista y muy crítica con el establishment.

¿Cómo pueden contribuir las primarias a reducir la corrupción en España? Ampliar el abanico de opciones internas en los partidos podría compensar, en parte, la falta de mecanismos que nuestro sistema electoral ofrece para luchar contra la corrupción. Como ha señalado en estas páginas Víctor Lapuente, del Quality of Government Institute, los sistemas mayoritarios de listas abiertas, como el americano, permiten a los votantes castigar directamente a los candidatos corruptos.

En sistemas proporcionales (en los que se vota a partidos y no a individuos), como el nuestro, eso no es posible. En otros países con sistemas proporcionales las barreras de entrada al Parlamento suelen ser más bajas, lo que facilita la entrada de nuevos partidos, buena para la regeneración. Las primarias podrían compensar esos problemas y abrir la puerta a opciones realmente nuevas, sin ataduras a las redes de favores y obligaciones internas creadas.

Finalmente, las primarias podrían ser un mecanismo muy útil para atraer de nuevo a la política a jóvenes brillantes que, por las razones expuestas, han perdido el interés en los partidos. El sistema ha favorecido la reproducción de unas élites políticas en las que la fidelidad al partido ha resultado ser mas importante que los méritos profesionales o académicos adquiridos. De hecho, el nivel de formación de los consejos ministros en España ha empeorado de forma progresiva, de manera inversamente proporcional a las exigencias intelectuales del cargo.

¿Recuerdan el primer Gobierno de Felipe? Estaba plagado de gente brillante y bien preparada que había demostrado su valía fuera del mundo de la política: Maravall, Solana, Almunia, Boyer, Solchaga, Lluch, Serra, De la Quadra, Barón… Les sugiero que se paren un momento a compararlos con las alternativas que se vislumbran hoy dentro del PSOE o el PP.

Es evidente que esos líderes no estaban allí gracias a las primarias. La enorme ilusión generada por el cambio democrático era suficiente para atraer a los mejores. Ahora, el reto reformista es tan o más grande que entonces, pero las dinámicas de los partidos ya no ilusionan a los mejores. Por eso son necesarias las primarias.

De nuevo, la comparación con Chile es, cuando menos, preocupante. En el Gobierno de Piñera hay seis doctores por las mejores universidades del mundo. En España no hay ninguno. Eso no quiere decir que un equipo de PhD de Economía de MIT hubiera evitado la crisis en España. Pero sí pienso que un Consejo de Ministros con seis doctores estaría mejor preparado y sería más independiente que el que tenemos para decidir sobre las complejas reformas financieras, tributarias o constitucionales que necesita el país.

La historia de nuestra crisis nos demuestra que la politización excesiva de las instituciones no solo contribuyó a inflar la burbuja, sino también a posponer reformas que eran a todas luces necesarias. Los principales responsables económicos de los últimos Gobiernos del PSOE y PP (ministros relevantes y presidentes del Banco de España) no eran los mejor preparados y actuaron condicionados por sus ataduras políticas como refleja Íñigo de Barrón, en su reciente libro, El hundimiento de la banca.

España se enfrenta a un enorme reto histórico de reforma que requiere recuperar la confianza de los ciudadanos en la política y a los mejores políticos al frente para llevar adelante las reformas. Es un reto tan grande como el de la Transición. Las primarias no solucionarán todos nuestros problemas, pero ayudarán a regenerar nuestra élite política, a reducir la corrupción y, a base de mayor competencia, a estimular la calidad e independencia de nuestros políticos. Son un mecanismo necesario para que el cansino blues del establishment —expresión que tomo prestada de Rodríguez, el protagonista de Searching for suggar man— empiece pronto a cambiar.

miércoles, 23 de julio de 2014

La estabilidad como prioridad a la proporcionalidad del voto

 Artículo publicado el 21 de julio de 2014 en la web-blog www.ssociólogos.com

“Quien conoce el derecho constitucional e ignora la función de los partidos tiene una idea equivocada de los regímenes políticos; quien conoce la función de los partidos e ignora el derecho constitucional tiene una idea incompleta pero exacta de los regímenes políticos” Maurice Duverger


“Para  entender cómo funciona un sistema político, además de estudiar sus instituciones y normas necesita analizar los distintos subsistemas que lo integran, el sistema electoral y el sistema de partidos” Giovani Sartori


Hace más de cuatro años publiqué un artículo de opinión en el Diario de Burgos parecido a éste. Después de todo este tiempo he creído oportuno recuperar su mensaje y profundizar sobre la opinión que vertía sobre él. De unos años para acá se han venido produciendo varias peticiones y propuestas desde la sociedad civil y algunas formaciones políticas para modificar nuestro sistema político incidiendo especialmente en la necesidad de reformar el sistema electoral y dotarlo de mayor proporcionalidad.


A mi modo de ver aún existe una opinión generalmente muy desinformada al respecto, por lo que me parece interesante repasar las características de algunos de los sistemas electorales más significativos del mundo occidental para contribuir al debate y arrojar algo de luz sobre esta cuestión.


Un buen punto de partida es Italia. Hasta hace un par de meses el país transalpino contaba con uno de los sistemas electorales más proporcionales. Desde que los italianos eligieron en un referéndum en 1945 ser una República parlamentaria, se han sucedido 27 primeros ministros y 63 gobiernos. Hace unos meses, con poco más de dos semanas al frente del ejecutivo italiano, Matteo Renzi, logró sacar adelante una nueva ley electoral que pretende reducir la fragmentación y asegurar la gobernabilidad en Italia después de los fallidos intentos de 1993 y 2005.


En este sentido se han incorporado nuevas medidas en su sistema electoral: Solo obtendrán escaños los partidos que superen el 8% de los votos, las coaliciones que superen el 12% y los partidos que se presenten en coaliciones y superen el 4,5%. La coalición o partido que quede primero y supere el 37%, obtendrá un premio de mayoría del 15%. Si ningún partido o coalición alcanza el 37%, se celebrará una segunda vuelta entre los dos primeros. Sin duda estamos ante una reforma electoral que contradice la postura generalizada en España de proporcionar mayor proporcionalidad frente a una menor gobernabilidad y estabilidad.


En Italia, dada su dilatada experiencia con un sistema puro proporcional hasta 1993 y aún con un sistema mixto nominal-proporcional hasta nuestros días, acaban de dar un paso en  sentido contrario respecto a lo que se demanda en España. Lo acontecido con esta reforma electoral en Italia invita a que comparemos distintos sistemas políticos para comprobar si cuentan o no con mayor o menor estabilidad gubernamental en función de la proporcionalidad de su sistema electoral.  Para ello no hay como repasar la extraordinaria presentación comparativa que realiza el profesor Giovani Pasquino en Sistemas Políticos Comparados. Prometeo Libros (2004). Empecemos.


Dentro de los sistemas políticos europeos más significativos, el  que más se parece a España es el alemán. Su experiencia desde la segunda guerra mundial se caracteriza por una extraordinaria estabilidad gubernamental. Después de la trágica experiencia que empezó con la fallida República de Weimar, los constituyentes alemanes quisieron evitar los dos grandes y devastadores inconvenientes de su anterior modelo: la inestabilidad de los gobiernos y las frecuentes disoluciones del Parlamento. Se estableció así una clausula del 5% para impedir la perniciosa fragmentación de los partidos.


Para reforzar la estabilidad gubernamental de la Cancillería se determinó que fuera elegida directamente con la mayoría absoluta del Bundestag, pero separadamente de los cargos ministeriales y para impedir crisis parlamentarias se recurrió a la moción de censura constructiva. La posibilidad de sustituir al Canciller ofrece una solución bastante original en comparación con otros modelos. Esta fórmula se adoptó también en España porque está inserta en un contexto político partidario bastante similar y compacto y en un contexto cultural, aunque con experiencias históricas distintas, preocupado por las consecuencias de las frecuentes crisis de gobierno y largos periodos de inestabilidad en los siglos pasados.


El dato: La República Federal de Alemania ha tenido 8 Cancilleres y 31 gobiernos desde 1945.


Un sistema parlamentario idóneo para contrastar con el italiano es el modelo Westminster del Reino Unido.  Un sistema de partidos bipartidista,  sistema  electoral plurality y un  bicameralismo asimétrico con un Primer ministro que cuenta con potestad para disolver el Parlamento. En cambio Italia presenta uno de los sistemas más proporcionales de Europa  con bicameralismo paritario y un sistema de partidos multipartidista cuyo primer ministro no cuenta con capacidad para disolver el Parlamento.


Gran Bretaña ostenta la forma más simplificada de formación de gobierno. El jefe del partido que obtiene mayoría absoluta de los escaños del Parlamento es reconocido Primer ministro. En el sistema político inglés puede suceder no sólo que quienes conquistan el liderazgo del partido se vuelven automáticamente candidatos al cargo de Primer ministro, sino también que perdiendo el liderazgo del partido pierde el liderazgo del gobierno. El Primer ministro británico corre el riesgo de ser sustituido solo con el voto de sus colegas de partido.


El modelo Westminster nos enseña que no es suficiente un sistema electoral de tipo plurality para explicar el gobierno de un solo partido, sino que es el circuito sistema electoral – sistema de partidos – mayoría parlamentaria – bicameralismo asimétrico el que funda y sostiene el sistema político británico. Ningún atajo basado en la reforma electoral es suficiente para dar vida a ningún modelo sino es a través de los órdenes institucionales y los sistemas de partido. 


El dato: En el Reino Unido se han sucedido 14 Primeros Ministros y 22 gobiernos desde 1945.


Por su parte la Quinta República francesa demuestra que es posible diseñar instituciones estables y eficientes, capaces de permitir la alternancia entre coaliciones y de dar impulso al sistema socio-económico, pero que esto requiere un cambio en las normas, los procedimientos y las instituciones. El semipresidencialismo francés no se encuentra a medio camino entre el parlamentarismo y el presidencialismo. Tiene su configuración propia, con propiedades y consecuencias institucionales diferenciadas. El Presidente de la Quinta República es elegido directamente por los electores y puede ser destituido solamente por el juicio político. Es el jefe del Estado, pero puede nombrar un Primer ministro. Francia tiene un ejecutivo dual cuyo Presidente puede disolver el Parlamento.


En el caso francés cuando existe cohabitación,  el Presidente de la República  puede compartir  e incluso ceder parte de sus potestades de gobierno a un Primer Ministro si este es apoyado por una mayoría parlamentaria. La cohabitación se presenta decidida y cualitativamente distinta respecto de gobierno dividido del régimen presidencial americano. Cabe añadir que en Francia no existe límite temporal para los mandatos presidenciales.


El dato: La República Francesa ha tenido 11 Presidentes, 17 gobiernos y 48 primeros ministros desde 1945.


El Presidente de los Estados Unidos de América no necesita establecer ninguna relación institucional con el Congreso, el cual debe reorganizarse después de su renovación total para la Cámara de Representantes y de un tercio para el Senado.  La rigidez de las relaciones entre el ejecutivo y el legislativo del sistema americano puede desembocar en una parálisis decisional.  El Presidente de los EE.UU. conforma su ejecutivo en el que no entrarán cargos parlamentarios. En las distintas administraciones podemos observar equipos muy compensados en representación de las diferentes corrientes del partido donde existe un equilibro entre políticos profesionales y profesionales competentes que en algunos casos son premiados por haber apoyado/financiado su campaña electoral.


Cada cambio del inquilino de la Casa Blanca, viene acompañado de un verdadero cambio en su equipo de colaboradores. Se puede afirmar que la alternancia en el sistema presidencial estadounidense es portadora del recambio político, con una significativa circulación de personas. Cabe señalar que en los sistemas presidenciales como EE.UU. o en los semipresidenciales como Francia, los electores no solo eligen a sus representantes parlamentarios directamente sino también al jefe del ejecutivo. 


El dato: Los Estados Unidos de América han tenido 12 Presidentes y 17 gobiernos desde 1945.


Con los sistemas mayoritarios (EE.UU, Reino Unido) los ciudadanos ejercen mayor poder en la formación de los gobiernos, preferentemente monopartidistas, que tendrán mayores posibilidades de decidir las políticas públicas y que podrán ser fácilmente identificados como los responsables de lo que han hecho o no. Con los sistemas proporcionales (Italia, Alemania, España) los ciudadanos eligen entre partidos que suman después del voto en coaliciones para formar gobiernos en los que cada uno de los partidos solo parcialmente decide las políticas públicas, de modo que los ciudadanos no podrán hacer otra cosa que volver a elegir entre los partidos sin que les sea posible hacer atribuir responsabilidades específicas.


En los cinco sistemas políticos analizados encontramos representadas las tres principales variantes de los sistemas electorales, mayoritario a primera vuelta en colegios uninominales (R.U. y EE.UU.), mayoritario a única vuelta en colegios uninominales para la elección de parlamentarios y a doble vuelta para las presidenciales, proporcional con clausulas de acceso (Alemania) y además del sistema de ¾ mayoritario en colegios uninominales y ¼ proporcional para listas de partido bloqueadas (Italia 1994-2014). 


Después de todo este resumen comparativo del profesor Pasquino entre los sistemas políticos occidentales más relevantes, hay que subrayar que nuestro sistema cuenta con un sistema electoral de representación proporcional muy similar al alemán que se adecua muy bien al multipartidismo que tenemos en España.


En nuestro país utilizamos la fórmula D” Hont para trasladar los votos a escaños que, en comparación con otras, favorece ligeramente a las formaciones políticas con capacidad de ser la primea o segunda fuerza más votada en las distintas circunscripciones. Además, existe una barrera electoral que exige un porcentaje mínimo de votos recibidos en cada circunscripción para participar en el reparto de escaños. La principal ventaja que nos ofrecen estas correcciones es la de primar la concentración del voto y penalizar su dispersión en aras de garantizar la formación de mayorías estables de Gobierno.


Es conocido que fórmulas del cociente electoral o de los restos mayores como la Hare y Droop proporcionarían unos pocos escaños más a formaciones como PODEMOS,  IU o Unión Progreso y Democracia, obtenidos en circunscripciones de gran población. No obstante resulta curioso comprobar cómo desde que se celebraron las elecciones Parlamento Europeo hace dos meses, estas formaciones han dejado de solicitar la reforma del sistema electoral tal y como venían haciendo efusivamente hasta ese momento. 


Perdónenme si prefiero seguir apoyando a contracorriente un sistema que prime la estabilidad y la gobernabilidad frete a uno con un poco más de proporcionalidad.  Todo sistema político que se precie de tener una alta capacidad para afrontar decisiones, necesita de un sistema electoral que obligue a las distintas formaciones políticas  a tener en cuenta intereses diversos, fuercen el pacto y el compromiso dentro de una razonable estabilidad gubernamental.

miércoles, 25 de junio de 2014

¿Podemos interpretar y transformar la identificación política?


Artículo publicado el 23 de junio de 2014 en la web-blog www.ssociólogos.com

Fue justo hace cinco años que cayera en mis manos una de las publicaciones más interesantes para entender cómo es posible utilizar lenguaje y la comunicación política para redefinir los marcos conceptuales políticos, No pienses en un elefante, (Madrid. Editorial Complutense. 2006), obra del lingüista y  profesor en la Universidad Berkeley, George Lakoff. 


Ahora que está tan de moda hablar de la crisis de las ideologías y las estructuras tradicionales de pensamiento político, no hay como recurrir a  Lakoff y su teoría cognitiva sobre la idea de que el sistema político occidental se organiza a dos modelos opuestos e idealizados de familia, para no olvidar que las interpretaciones que podamos hacer de los distintos modelos sociales se pueden explicar desde el papel que queremos desempeñe el conjunto de Administraciones Públicas.


Según su teoría, la visión conservadora del mundo se fundamenta sobre valores tradicionales y familiares. Lakoff lo denomina "modelo del padre estricto". El padre estricto (el Estado) es la autoridad moral cuya única misión es defender a la familia. Según este modelo los ciudadanos han de limitarse a ser disciplinados y a valerse por sí mimos. El Gobierno como protector de la nación, como salvaguarda del orden, la justica y garante de la libre competencia de personas y empresas. Un modelo donde los tributos han de limitarse al sostenimiento de este sistema y no privar la capacidad  económica de aquellos ciudadanos que han sido disciplinados para destinarlo a mantener a aquellos otros que no lo han sido.
 

Por otro lado tenemos lo que el profesor denomina "el modelo del padre protector", característico de una visión progresista del mundo. El padre protector (el Estado) conforma un sistema de seguridad para el conjunto de la sociedad. El Gobierno se responsabiliza en proporcionar bienes y servicios públicos a todos los ciudadanos. Los tributos son la cuota necesaria que todo ciudadano debe pagar para participar del propio sistema.


Es cierto que Lakoff desarrolla su teoría a partir del sistema político norteamericano por lo  que incurriríamos en un error si lo extrapoláramos en todos sus términos al sistema de bienestar social europeo. El autor parte de una cultura política muy distinta a la existente en la UE, que cuenta con un sistema de protección social muy alejado de lo que incluso los progresistas norteamericanos están dispuestos a plantear para su propio país.


Hecha esta referencia teórica, quiero hacer mención sobre la clasificación tipológica que plantea para definir a los progresistas americanos. La establece desde el punto de vista del científico cognitivo, no desde una perspectiva sociológica ni politológica. Los diferencia en seis grupos: socioeconómicos, con conciencia de clase, ecologistas, defensores de las libertades civiles, espiritualistas y antiautoritarios.


Lakoff detecta en sus estudios que muchas de las personas que se identifican con alguno de estos grupos no reconocen que el suyo es precisamente un caso especial de algo más general, y no acaban de ver la unidad entre todos los tipos de progresistas. Están convencidos de que su modo es el único de ser progresista. Esto impide que personas que comparten valores y principios progresistas y una manera de ver el mundo muy similar lleguen a unirse de forma efectiva.


Desgraciadamente la realidad europea y particularmente en los Estados del sur sobre la división existente en la izquierda ideológica no es muy diferente. Ha sido a partir del fracaso de los gobiernos progresistas europeos en la gestión de la crisis económica, cuando se ha incrementado la fractura entre las distintas opciones progresistas y la aparición de nuevos  movimientos que han provocado un escenario político nuevo para la izquierda europea. En cambio, los conservadores americanos descubrieron hace tiempo a través de sus think tanks, la importancia de los marcos cognitivos y como transformarlos para sumar nuevos apoyos de personas cuya identificación política debiera estar más cerca de opciones progresistas. 


Existen mitos que datan de la Ilustración y que los progresistas nos hemos creído a pies puntillas el que de que la verdad nos hará libres. Si nosotros le contamos a la gente los hechos, como la gente es básicamente racional, todos sacarán las conclusiones acertadas. Pero tal y como afirma Lakoff en este ensayo, la gente no piensa de esa manera. Son los marcos cognitivos los que determinan el pensamiento de la gente, marcos como el del padre estricto y el del padre protector. La verdad, para ser aceptada, tiene que encajar en los marcos de la gente. Si los hechos no encajan en un determinado marco, el marco se mantiene y los hechos rebotan.


Otro de los mitos procedentes de la Ilustración es que las personas no actúan en contra de sus propios intereses ya que sería irracional, pero igual que Lakoff otros científicos cognitivos como Daniel Kahnena (premio Nobel de Economía) han demostrado que mucha gente no piensa realmente así, sino que deposita sus ilusiones y su confianza en función no sólo de sus expectativas, sino por medio de respuestas emocionales, sentimentales e en muchos casos idealizadas.


La gente vota principalmente por su identidad, por sus valores, por aquellos con quienes se identifican. Cuando votamos en función de los valores y los estereotipos culturales, lo que determina como votamos es el modelo que se activa para nuestra comprensión de la política en ese momento. Los ideólogos conservadores lo saben muy bien, diseñan su estrategia de comunicación política en función de los marcos cognitivos de sus bases electorales utilizando el lenguaje político para transformar algunos de los marcos cognitivos progresistas provocando que personas cuya condición social no se identifica con las élites privilegiadas acaben votando la misma opción políticas que éstas. 


(*) Viñeta de Manel Fontdevila para eldiario.es

lunes, 9 de junio de 2014

1789-2014. Solo algunas coincidencias.



La crisis económica, movimientos sociales como "el 15M" o "el efecto Gamonal" y su traducción electoral desde 2011, nos hace pensar que España se encuentra inmersa en una especie de revisión sistémica en su conjunto, desde el ámbito social, económico, político... 


Todo ello, unido a la abdicación del Rey y el debate que ha suscitado su sucesión sobre la oportunidad de revisar la forma de Estado, me ha llevado a retomar mi interés en algunos de los apuntes, manuales y ensayos que manejé en el estudio del periodo histórico más apasionante y trascendente que conozco, la  Revolución Francesa.


He querido reflejar brevemente unas cuantas trascripciones de algunos escritos de los años prerrevolucionarios en Francia dado su paralelismo con algunas de las opiniones que he venido leyendo de un tiempo para acá. Salvando las distancias, llama la atención la similitud sobre el fondo de alguna de las cuestiones que hace más de doscientos años se discutieron en el ocaso del Antiguo Régimen y que alumbraron un cambio de época en la historia, dando paso de la edad moderna a la edad contemporánea.


En 1789, los franceses realizaron el mayor esfuerzo que jamás haya hecho ningún otro pueblo por partir su historia en dos, por así decirlo, y abrió un abismo entre su pasado y su futuro. Alexis de Tocqueville (1856).


Tal como señala Peter Davies en su breve pero exhaustiva obra sobre el periodo revolucionario ("La Revolución Francesa. Una breve introducción". Peter Davies. Alianza Editorial. 2009) no hubo nada de inevitable previamente a ese período. El Antiguo Régimen había sobrevivido durante siglos, era aceptado y respetado, y el pueblo estaba relativamente contento con él. Fue en 1780 cuando la opinión generalizada de los franceses empezó a transformarse hacia la necesidad de un cambio. Hasta ese momento el establishment francés era incuestionable:


En Francia, los tres Estados tienen su orden y su rango, uno detrás de otro. El orden eclesiástico es el primero y le sigue la nobleza y por último, el Tercer Estado. Esto es verdad aún cuando no haya documentos escritos que lo consagren, porque raramente se establecen leyes en materias de honor. Charles Loyseau, (1610).


Tradicionalmente se ha pensado que el origen de la Revolución proviene de la Ilustración, en cambio existen otras opiniones que señalan los problemas de la monarquía francesa en la década de 1770 y 1780 como causa de la misma. Por otro lado, la visión marxista considera el periodo revolucionario como una revolución de clase en la que la burguesía quería más poder político para obtener aún más poder económico.


No obstante y tal como señala también el propio Davies, la teoría más antigua sobre el origen de la Revolución apunta a una conspiración intelectual consecuencia del pensamiento ilustrado. La irrupción de nuevos principios como los derechos individuales,  la conciencia social, o un nuevo concepto de nación cuestionó instituciones hasta el momento intocables como la iglesia y la monarquía. La base ilustrada era el racionalismo, no la tradición. Pero es innegable que  hay otras interpretaciones como la que sugiere que más que inspirar la Revolución la Ilustración ejerció una influencia importante en los cambios políticos.


Antes de Marx, ya había escritores en Francia que resaltaron el papel de la burguesía y el  resto de colectivos sociales que integraban el Tercer Estado como elemento transgresor en la política francesa de finales del siglo XVIII, entre ellos Emmanuel - Joseph Sièyes:


El Tercer Estado se encarga de la mayoría de las funciones públicas, con el agregado de que soporta el peso de todo lo que es realmente penoso, con todas las cargas que las clases privilegiadas se niegan a asumir ¿Otorgaremos algún reconocimiento al Tercer Estado por ello? (...) El Tercer Estado... contiene todo lo que pertenece a la nación, mientras que nadie ajeno al Tercer Estado puede considerarse como parte de la nación. ¿Qué es el Tercer Estado? ¡Todo!. 


El marxismo emplearía su propio lenguaje décadas después para juzgar el papel del Tercer Estado durante la Revolución. Tal como señala Peter Davies, mientras Sièyes (antes de la Revolución) hablaba de derechos y justicia, los historiadores de izquierda hablaron (después de la Revolución) de revolución burguesa  y de desarrollo de la sociedad de clases.


En la Revolución Francesa, la racionalidad en la interpretación de la realidad social y política fue determinante. También lo fue el papel protagonista de una mayoría social que adquirió conciencia de su poder; una profunda crisis económica derivada de una nefasta gestión de los recursos públicos junto a una agresiva política fiscal para financiar la guerra de independencia americana; el fin de los parlaments y la convocatoria de los Estados  Generales...


La crisis sistémica en nuestro país se explica no solo por la profunda crisis económica que estamos atravesando, sino por un cuestionado, poco legitimado y aún menos representativo sistema político e institucional, incapaz de regular satisfactoriamente los muchos problemas de una sociedad española cada vez más empobrecida junto a la creciente opinión entre una parte importante de la población de afrontar una reforma constitucional.


Encontrar similitudes entre ambos periodos no significa que no existan muchas más diferencias. Es obvio que no podemos obtener las mismas conclusiones por muchos paralelismos entre el momento que se vive hoy en España y los acontecimientos que precedieron a la Revolución Francesa. Lo que sí que resulta enriquecedor a la par que emocionante es comparar la respuesta de la sociedad en dos momentos de crisis y cambio  tan alejados en el tiempo.


Algunas otras reflexiones han elegido otros periodos históricos para realizar este paralelismo. Uno muy recurrente ha sido el crack de 1929, los totalitarismos y la II Guerra Mundial. Yo pretendo ser más optimista.

lunes, 2 de junio de 2014

"Una nueva generación reclama su protagonismo"



El Rey Juan Carlos I ha comunicado al Presidente del Gobierno su deseo de abdicar.  Desde aquí mi reconocimiento al que ha sido Jefe del Estado durante casi 40 años. 

Dicho esto creo que es un momento idóneo para seguir profundizando en la actualización y renovación de las estructuras políticas de este país, partidos políticos e instituciones.  En este sentido la abdicación del Rey es una oportunidad para que una mayoría de españoles que no votamos la Constitución Española de 1978 podamos pronunciarnos sobre el modelo de Estado que queremos para España. Como bien ha apuntado el propio Rey "una nueva generación reclama su protagonismo".


Los que conocen mi opinión sobre mis preferencias para la forma de Estado saben que apuesto por un modelo republicano y federal. Una república federal es la forma de Estado que en mi opinión se adapta mejor a la idiosincrasia de los españoles y la pluralidad cultural y territorial de nuestro país. Sin embargo nunca he sido de los que han pretendido priorizar este debate sobre otros asuntos de mucha más relevancia para las personas, la creación de empleo, el mantenimiento de los derechos laborales y civiles, de las libertades públicas y del estado de bienestar... etc.


No obstante creo sinceramente que no podemos obviar que hay millones de españoles que preferirían ser consultados antes de producirse  una renovación automática al frente de la Jefatura del Estado. Es indudable que legalmente lo que habría que plantear para modificar la forma de Estado es una reforma constitucional. Disolución de las Cortes Generales, Cortes Constituyentes y Referéndum Constitucional. Aún así creo perfectamente compatible realizar una consulta no vinculante a la ciudadanía cuyo resultado podría facilitar en qué términos se puede presentar la propuesta constitucional a refrendar.